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LA IGLESIA INTERIOR
La Comunidad
de la Luz
Capítulo
I
DEL ORIGEN
Y DURACIÓN
DE LA IGLESIA INTERIOR
“Jesucristo
amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella,
a fin de santificarla después de haberla purificado en el Bautismo
por la palabra, para hacerla aparecer ante él llena de gloria, sin
mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa e incorruptible.”
(Efesios V, 25-27.)
1.La
felicidad de la criatura es el único objeto de los cuidados del
Creador Todopoderoso.
2.Creó
al hombre para que fuera siempre feliz en el Paraíso; lo creó
para goces inexplicables. Para elevarlo todavía más, lo doto
del libre albedrío. El Espíritu de Dios reinó en el
espíritu de Adán: llenó con su luz las potencias de
su alma, todos sus sentidos, y lo revistió de su esplendor como
si de un vestido se tratara.
3.La
sumisión de Adán al espíritu de Dios fue el único
culto que rindió a su Creador; la llama pura y sagrada de su amor
era el perfume que le ofrecía.
4.El
abuso que hizo Adán de su libertad y su desobediencia le acarrearon
la expulsión del Paraíso; extinguieron en su espíritu
la llama de la sabiduría de lo alto sometiendo con él todo
género humano a las enfermedades, el trabajo y la muerte sobre una
tierra que desde entonces quedó cubierta de zarzas y espinas.
5.El
amor eterno fue castigado para salvar, y afligido con el único objeto
de curar. Este mismo amor permite que el hombre esté sujeto a la
podredumbre, de la cual él mismo se revistió prostituyendo
la naturaleza con el pecado; se exilió en este valle de dolor, adecuado
a su naturaleza degradada, pues quedó demasiado débil para
poder sostenerse en las regiones de la luz; pero al mismo tiempo abrió
dos vías escondidas de purificación: los caminos del dolor
y la alegría, de la muerte y de la vida eterna que conducen desde
la miseria temporal a la beatitud sin medida y sin fin, infinitamente superior
a la pérdida.
Y
desde luego, este amor sin límites, desde el momento mismo de la
caída de Adán, ya que ocupaba del intento de levantarlo,
y preparaba con su sabiduría el medio para alumbrar de nuevo su
corazón con la chispa de la llama divina que le había iluminado
antes de cometer la falta.
6.El
Padre, abriendo las fuentes inagotables de su poder y misericordia, atrae
en todo tiempo y lugar, y por toda clase de medios, al hombre hacia su
Hijo, ya
que sólo Él es la vía, la vida y la puerta
de los cielos. Corresponde al Hijo invitar a la criatura desviada del camino
de su eterna felicidad a volver a él, y apremiarla para que entre
para siempre, siendo absorbida, por decirlo así, por el ímpetu
del amor en el torrente de felicidad que no se encuentra sino en las entrañas
del Padre.
El
Verbo, que ha creado la luz, dice sin cesar: ¡que la luz sea!, y
la luz es.
7. El
primer suspiro de arrepentimiento de Adán, fue, por decirlo así,
el primer renacimiento de este rayo de luz que había ya brillado
antes en él; se convirtió en la primera piedra sobre la que
está construida la Iglesia interior de Dios en la Tierra.
Los
patriarcas que vinieron después de él, los justos, las almas
piadosas que vinieron conociendo el temor del Señor que había
nacido en ellos por la fe, aquellos que permanecieron adornados con toda
la belleza de la inocencia de Abel, todos ellos compusieron esta Iglesia
en la que Dios realiza la gran obra de la regeneración.
Pero
los que se infectaron con el espíritu de las tinieblas que extravió
a Caín, expandieron en este mundo perverso la mentira, las persecuciones,
los homicidios, la impiedad y los extravíos, es decir, establecieron
sobre la Tierra la iglesia del Anticristo.
8.La
Iglesia santa y divina se consolidó sobre todas las cosas, se elevó
y se extendió, adquirió un luz nueva, un nuevo espíritu
a través de la Encarnación de Jesús-Cristo, nuestro
Dios: el Verbo, Dios, Creador de todas las cosas, se hizo carne y habitó
entre nosotros.
Este
Dios-hombre, por su Encarnación, por su vida, por sus sufrimientos
y por su muerte, ha devuelto al hombre los medios de salvación que
había perdido; ha abierto la vía que permite volver a ser
hijos de Dios a todos los que la abrazan por la fe y por el amor, no naciendo
así de la carne ni de la sangre ni de la concupiscencia, sino a
causa del renacimiento divino y espiritual.
9.Ha
realizado su gran obra sobre la cruz, rociando misteriosamente a todas
las almas con la virtud de su sangre, tintura capaz de renovar el alma
en Dios.
¿Hubiesen
podido otras almas, de no ser por las fuentes generosas de este último
bautismo, ser purificadas por dicha aspersión y recobrar sus derechos
como hijos del único y verdadero Padre de todos los hombres?
10.Sí;
Jesús-Cristo, al revestirse de nuestra carne, consolidó el
edificio de su Iglesia, contra la que las puertas del infierno no prevalecerán
jamás.
No
sólo resucita a los muertos devolviéndoles su vida temporal,
sino que pisotea la misma muerte; ha roto los lazos infernales y ha devuelto
a los hombres la posibilidad de participar de la vida eterna. No sólo
cambió el agua en vino, sino que además regeneró esta
masa de elementos inmateriales con la que formará una nueva tierra
y un nuevo cielo, cuando los que componen el mundo material se derrumben.
Siendo la única fuente de conocimiento verdadero, ha difundido una
nueva luz de sabiduría, ha alumbrado las almas con el fuego vivificante
de la fe y le ha imprimido su carácter
11.Sus
apóstoles y sus discípulos, habiendo recibido de su plenitud
la gracia y al fuerza, engendraban por él hijos de la luz y los
transformaban en nuevas criaturas. Así actuó san Pedro en
un solo día sobre tres mil almas por el poder de la palabra de vida.
(Cf. Hch. II,41.)
12.Así
se multiplicó la viña de la Iglesia interior de Dios. Así
aumentó, y aumenta todavía, el aceite espiritual de la regeneración
que por la Encarnación de Cristo llena los cielos, la tierra y la
morada de los muertos. Esta fuente de incorruptibilidad fluye sin cesar
sobre la tierra pura y virgen, la única donde Dios puede nacer;
se difunde invisiblemente y derriba el obstáculo de separación
de los sentidos, el pecado y todo el mundo pasajero. (Cf. Ef. V,
26.)
13.El
cuerpo místico de Jesús-Cristo se produce y crece sin cesar;
sus miembros están en distintos grados y medidas animados por el
espíritu de amor de Aquel que ha dado la nueva ley de amor. (Cf. Mt.
V.)Los miembros de este cuerpo místico de Jesús-Cristo, reciben
cada uno de ellos distintos dones: algunos, la manifestación del
Espíritu para utilidad de los fieles; otros, la palabra de sabiduría;
éstos, la palabra de inteligencia y aquellos la fe. Otros reciben
el don de curar y algunos de operaciones milagrosas; algunos el don de
la profecía y otros el discernimiento de los espíritus; algunos
el don de lenguas, pero todos estos dones proceden de un solo Espíritu
que comunica su virtud a quien le place. (CF. I Cor.
XII.) Este Espíritu los dirige y regenera llenándolos de
su unción en la medida en que los encuentra desnudos del hombre
viejo.
14.Así
se establece y extiende la Iglesia invisible y santa; este imperio del
soberano celestial, donde reinará junto a los que hayan puesto a
sus enemigos bajo sus pies. (Cf. I Cor.
XV.) Así es como acabará la obra de la Creación, y
entonces entregará su Reino a Dios Padre. Cuando todas las cosas
le estén sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará
al que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
El
curioso opúsculo que hoy presentamos nos sería totalmente
desconocido sino fuera por KarlvonEckarthausen
que escribió a propósito de él.
Sin
duda, ha sidoVonEckarthausen
quien en su época escribió con más claridad a propósito
de la misteriosa Iglesia Interior.
¡Moremos
en L.’.V.’.X.’. y las tinieblas no prevalecerán!
FraterLucisKalihel
lehilak