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Queridos hermanos, en muchos países septiembre representa el retorno de nuestros pequeños a clase. A propósito, encontré un artículo de una entrevista que le hicieron a Krishnamurti, en el año 1933, que no puede ser más actual y resulta bien interesante. Trata de la educación a los niños y quise compartirlo con Uds.
 
Pregunta: Por favor, dígame ¿cómo debo educar a los niños?
 
KRISHNAMURTI: Para mí, el niño no es lo importante. No lo es en absoluto. Los importantes son el padre, la madre y el maestro, no el niño. Esto no es meramente una afirmación ingeniosa. De todos modos, el niño está ahí para ser formado a voluntad, es una cosa dúctil como la masilla. Por lo tanto, no se trata de cómo ha de educar usted al niño. Se trata de qué es usted mismo, ya sea usted el maestro, el padre o la madre. ¿Ha entendido eso? Luego está la cuestión de si usted, como padre, cree en la autoridad. Si es plenamente consciente de lo inútil que resulta la autoridad, descubrirá por sí mismo el modo exacto. Cuando sepa así que la autoridad carece de todo valor, descubrirá cómo disciplinar correctamente al niño.
Vea lo que significa estar libre de la autoridad. Usted tiene una autoridad sólo cuando hay temor. Cuando está libre de temor, actúa desde la plenitud, la cual no implica lo opuesto, la carencia de autoridad, que es una negación. Después de todo, así es como educamos a un niño, ¿verdad?, a base de autoridad: “debes y no debes”, “no lo hagas y hazlo”, o damos explicaciones erróneas respecto de cosas que nosotros mismos tememos.
El otro día, una madre dijo a su hijo que le preguntó acerca de la muerte, que existe la reencarnación, y el niño quedó satisfecho. ¿Qué ha hecho uno cuando ha dado una respuesta semejante? Habiendo creado para sí mismo una seguridad en la reencarnación, la ha transferido meramente al niño. Y así ya ha comenzado a formar en la mente de ese niño, la idea de la seguridad. Por lo tanto, ha establecido una autoridad. Cuando usted comprenda lo que la autoridad significa, no contribuirá a que el niño sea licencioso ni le dejará hacer exactamente lo que se le antoja. Ése no es el punto. Vea, éste es un tema tan inmenso que uno debe considerar las cosas una por una. Ante todo, la autoridad.
La autoridad implica acatamiento a cierta regulación, a cierta ley moral, a cierta norma cuyo verdadero significado usted, padre o maestro, no ha comprobado por sí mismo. Así dice: “Esto es bueno y esto es malo”, y ha ayudado a formar en la mente del niño ciertas ideas basadas en la autoridad. Por lo tanto, lo que usted hace hoy en día es transmitir al niño todos los falsos valores que usted mismo ha acumulado.
Yo digo que los valores falsos existirán en tanto usted no los examine, en tanto no descubra, como individuo, la verdadera significación de tales valores. Por consiguiente, cuando dice que educa al niño, lo que hace es transmitirle todos los conceptos falsos que usted tiene, Por eso les digo que descubran por sí mismos si, como individuos, como una madre o un padre o un maestro, creen realmente en la autoridad.
La autoridad no implica meramente “hazlo” o “no lo hagas”, usted tiene que descubrir todo su significado: la autoridad de lo espiritual, la autoridad de las leyes, la autoridad con todos sus matices. Entonces, cuando ha descubierto o está en proceso de descubrir por sí mismo el verdadero significado, está creando para el niño una condición nueva. No puede menos que hacerlo. No es que vaya a conseguir inmediatamente liberarlo por completo de la autoridad, porque usted mismo no está libre de ella. Pero si de verdad intenta liberar a su mente de los valores falsos, entonces hay flexibilidad, rapidez, un ajuste mental. Entonces será capaz de afrontar la educación del niño.
3 de agosto de 1933
 Fraternalmente,
Soror Lucis ADITI SOPHIA